Elegir qué carrera estudiar y en qué universidad cursarla es una de las decisiones más importantes de la vida académica. Marca tu día a día durante varios años, condiciona tus primeras oportunidades laborales y, sobre todo, define en gran parte el tipo de trabajo que realizarás a medio plazo. Tomárselo en serio, dedicar tiempo a informarse y no dejarse llevar solo por la nota o por la opinión de otras personas es clave.
En España, la oferta de grados es muy amplia y cambiante: aparecen nuevas titulaciones, se actualizan los planes de estudio y algunas universidades apuestan por perfiles muy especializados. Todo esto hace que el proceso de elección pueda generar dudas e incluso ansiedad. Sin embargo, con método y buena información, es posible tomar una decisión razonada y alineada con tus intereses, capacidades y objetivos profesionales.
Tabla de contenidos
Primer paso: conocerte a ti mismo
Antes de mirar universidades, notas de corte o rankings, el primer trabajo es personal. Elegir bien una carrera empieza por responder con sinceridad a tres preguntas básicas:
- ¿Qué te interesa de verdad? Piensa en asignaturas del instituto, temas que te gusta investigar por tu cuenta, actividades en las que el tiempo se te pasa volando.
- ¿En qué eres bueno ahora mismo? No solo en notas, también en habilidades: comunicación, lógica, creatividad, gestión de personas, organización, idiomas, etc.
- ¿Qué tipo de vida laboral imaginas? Trabajo de oficina, trato con personas, labor asistencial, investigación, trabajo creativo, mundo empresarial, tecnología, educación…
Es útil anotar tus respuestas y detectar patrones. Por ejemplo, quizá te atraen las ciencias de la salud, disfrutas ayudando a los demás y te ves trabajando en un hospital o clínica. O tal vez te motivan los retos abstractos, las matemáticas se te dan bien y te imaginas en el mundo de la ingeniería o de los datos.
Si te cuesta aclararte, puedes recurrir a tests de orientación vocacional, a tutorías en tu centro educativo o a conversaciones estructuradas con orientadores. No son oráculos infalibles, pero ayudan a poner orden en tus ideas.
Investigar bien la oferta de estudios
Una vez tengas más claro el área o áreas que te interesan (por ejemplo, salud, ingeniería, humanidades, derecho-empresa, educación, arte, tecnología…), toca explorar qué opciones concretas existen. Aquí la clave es no quedarse solo con el nombre del grado, sino profundizar en el contenido.
Un buen punto de partida es consultar portales especializados donde se agrupan titulaciones por áreas, universidades y comunidades autónomas, como Carreras y Grados, y combinar esa información con la que ofrecen las propias universidades en sus páginas oficiales.
Para cada carrera que te llame la atención, revisa con calma:
- Plan de estudios completo: asignaturas de cada curso, optativas, prácticas obligatorias, menciones o itinerarios.
- Competencias que se trabajan: qué sabrás hacer al acabar el grado (no solo qué sabrás, sino qué habilidades habrás desarrollado).
- Perfil de ingreso recomendado: tipo de bachillerato o ciclo formativo previo, nivel de matemáticas, física, idiomas, etc.
- Idiomas de impartición: grupos en español, inglés, bilingües, porcentaje de créditos en otro idioma.
- Posibilidad de dobles grados: combinaciones que encajen con tus intereses (por ejemplo, Derecho + ADE, Ingeniería Informática + Matemáticas, etc.).
Presta especial atención a las asignaturas de 2.º y 3.º curso, porque reflejan mejor el núcleo de la formación. Las de 1.º suelen ser más generales y similares entre universidades.
Cómo interpretar las notas de corte
La nota de corte es uno de los elementos más visibles en el proceso de acceso a la universidad en España, pero también uno de los más malinterpretados. No indica la dificultad de la carrera ni garantiza la calidad de la enseñanza. Refleja, simplemente, la relación entre plazas ofertadas y demanda del curso anterior.
Al usar las notas de corte como referencia, ten en cuenta:
- Pueden variar cada año: si sube la demanda o baja la oferta de plazas, la nota aumenta, y viceversa.
- Sirven como orientación, no como barrera absoluta: si tu nota se queda ligeramente por debajo, puedes incluir igualmente el grado en tu lista de preferencias, sobre todo si no hay mucha diferencia.
- Cambian entre universidades y comunidades: el mismo grado puede tener notas de corte muy diferentes según la ciudad, sin que eso signifique que uno sea necesariamente mejor que otro.
Es recomendable elaborar varios escenarios: carreras donde tu nota esté por encima con margen, otras donde se sitúe muy ajustada y alguna opción de “seguridad” por debajo, que te garantice plaza.
Elegir dónde estudiar: factores académicos
Una vez claras las carreras posibles, llega la siguiente gran pregunta: ¿en qué universidad y en qué ciudad cursarlas? Aquí conviene ir más allá del prestigio general y analizar factores concretos.
Calidad del plan de estudios y actualización
Comprueba si el plan está adaptado a las necesidades actuales del sector. Pistas útiles:
- Presencia de asignaturas relacionadas con tecnologías actuales, competencias digitales o metodologías de trabajo modernas.
- Posibilidad de cursar optativas que te especialicen (por ejemplo, ciberseguridad en informática, analítica de datos en ADE, educación inclusiva en Magisterio).
- Actualización reciente del título o acreditaciones externas que avalen la calidad.
Prácticas externas y contacto con empresas
En muchos grados, las prácticas son un puente directo al empleo. Pregúntate:
- ¿Cuántas horas de prácticas ofrece el plan de estudios?
- ¿Con qué tipo de empresas, instituciones u hospitales colaboran?
- ¿Existe bolsa de prácticas y empleabilidad activa desde los primeros cursos?
Cuanto más estructuradas y variadas sean las prácticas, más opciones tendrás de probar distintos entornos laborales y crear una red de contactos.
Metodología docente y recursos
No todas las universidades enseñan igual. Valora:
- Si predominan clases magistrales o metodologías más activas (trabajo por proyectos, aprendizaje basado en problemas, laboratorio).
- La ratio alumno/profesor en los grupos de teoría y prácticas.
- La disponibilidad de laboratorios, bibliotecas especializadas, salas de estudio, software específico y plataformas digitales.
Aspectos personales y logísticos
La experiencia universitaria no es solo académica: también es personal, económica y social. Ignorar estos factores puede convertir una buena elección de carrera en una mala experiencia global.
Ubicación y coste de vida
Valora objetivamente qué implica estudiar en cada ciudad candidata:
- Coste del alojamiento: residencia, piso compartido, transporte si vives en el área metropolitana.
- Gastos diarios: comida, ocio, transporte urbano, materiales de estudio.
- Distancia a tu entorno familiar: si quieres volver a casa los fines de semana o en vacaciones de forma habitual.
Una carrera dura como mínimo cuatro años. Aunque la elección académica sea prioritaria, el peso económico y emocional de vivir fuera (o no) también importa.
Ambiente universitario y servicios al estudiante
Informarte sobre el clima universitario ayuda a anticipar cómo será tu día a día:
- Existencia de asociaciones estudiantiles, grupos de debate, actividades culturales y deportivas.
- Programas de mentoría entre estudiantes de cursos superiores y de primero.
- Servicios de orientación académica y profesional dentro de la universidad.
Todo esto no reemplaza a la calidad académica, pero puede marcar la diferencia en tu motivación y bienestar.
Salidas profesionales y empleabilidad real
Es normal preguntarse si una carrera “tiene salidas”. La respuesta rara vez es blanco o negro: casi todos los grados abren puertas si se combinan con buenas competencias transversales, idiomas y cierta especialización. Aun así, es importante informarse con datos.
Para valorar la empleabilidad de un grado:
- Consulta informes oficiales de inserción laboral de tu comunidad autónoma o del sistema universitario español.
- Revisa qué tipo de puestos ocupan los egresados: no solo el porcentaje de empleo, también la calidad de ese empleo.
- Habla con profesionales en activo y antiguos alumnos si tienes la oportunidad.
También conviene plantearse la flexibilidad del título: algunos grados permiten reorientarte hacia sectores diversos (por ejemplo, ADE, Ingeniería Informática, Psicología), mientras que otros son más específicos (Fisioterapia, Enfermería, Traducción e Interpretación). Ambas opciones pueden ser válidas; lo importante es que encajen con tu horizonte vital.
Errores frecuentes al elegir carrera
Identificar los fallos más habituales puede ayudarte a evitarlos en tu propio proceso:
- Elegir solo por la nota de corte: optar por una carrera porque “pide mucha nota” o porque “me llega para esto” es una de las peores estrategias.
- Dejarse llevar solo por modas o tendencias: que un sector esté de moda hoy no garantiza que siga igual dentro de cuatro años.
- Ignorar el plan de estudios: decidirse por el nombre del grado sin revisar asignaturas suele acabar en sorpresa (a veces desagradable).
- Influencia excesiva de amigos o familiares: escuchar opiniones es positivo, dejar que decidan por ti, no.
- Infravalorar la dificultad real: algunas carreras exigen una base sólida en matemáticas, física o expresión escrita; conviene ser realista.
Si detectas que estás cayendo en alguno de estos errores, es buen momento para parar, revisar información y, si hace falta, pedir ayuda a un orientador.
Cómo ordenar tus preferencias en la preinscripción
El momento de rellenar la solicitud de preinscripción genera muchas dudas, pero la regla principal es sencilla: ordena por preferencia real, no por estrategia o miedo.
Algunas recomendaciones prácticas:
- En primer lugar, coloca la carrera y universidad que más deseas, aunque la nota de corte sea algo superior a la tuya.
- Incluye varias opciones del mismo ámbito en distintas universidades o ciudades, si estás dispuesto a moverte.
- Reserva un par de opciones “colchón” con notas de corte sensiblemente inferiores a tu nota definitiva.
- No dejes huecos: cuantas más opciones coherentes incluyas, más probabilidades tendrás de obtener plaza en algo que te guste.
Recuerda que el sistema te adjudicará la mejor opción posible según tu nota y el orden que hayas indicado. Cambiar ese orden por miedo suele llevar a renunciar a primeras preferencias que podrías haber conseguido.
Qué hacer si después quieres cambiar de carrera
A pesar de toda la planificación, puede ocurrir que al empezar la universidad descubras que la carrera no encaja contigo. No es un fracaso: muchas trayectorias profesionales incluyen giros y ajustes.
Si te encuentras en esa situación, es recomendable:
- Analizar si el desajuste es con la carrera en sí o con la metodología, la universidad o alguna asignatura concreta.
- Hablar con tutores, profesores y servicios de orientación para explorar alternativas: cambio de grupo, itinerario, o incluso de grado.
- Valorar si puedes reconocer créditos en un nuevo grado afín para no “empezar de cero”.
Tomar decisiones informadas requiere tiempo, pero seguir en un camino que no te convence por inercia suele ser más costoso a largo plazo que parar, replantear y redirigir.
Integrar vocación, realismo y futuro profesional
Elegir qué estudiar en España y dónde hacerlo supone equilibrar tres grandes ejes: lo que te gusta y motiva, lo que puedes asumir con tus capacidades y recursos, y las oportunidades laborales que ofrece el título. Ninguno de los tres debería anular por completo a los otros.
Si dedicas unas semanas a conocerte mejor, investigar en profundidad las titulaciones, visitar jornadas de puertas abiertas, hablar con estudiantes actuales y analizar con calma los datos de empleabilidad, aumentarás mucho las probabilidades de tomar una decisión coherente con quién eres hoy y con la persona profesional que quieres llegar a ser mañana.


